Postales de La Habana, 2016

Llegamos a la isla en diciembre de 2016 buscando la Cuba que dejó Fidel. Ignorantes del rumbo que tomará la historia, queríamos una imagen mental de una de las últimas utopías del siglo XX. Utopía en su significado ambiguo: el sistema ideal, el sistema imposible ¿Cómo es la Cuba 58 años después de la Revolución?

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“No puedes hacerte idea de lo que se trata, o la tienes equivocada. Si hubieras estado en Utopía, como yo he estado, si hubieses observado en persona las costumbres y las instituciones de los utopianos, entonces, no tendrías dificultad en confesar que en ninguna parte has conocido república mejor organizada. Yo estuve allí durante cinco años, y, hubiera estado muchos más, de no haberme tenido que venir para revelar ese Nuevo Mundo”

Utopía, Tomás Moro

 

Alejandra Ciro*

Llegamos a la isla en diciembre de 2016 buscando la Cuba que dejó Fidel. Ignorantes del rumbo que tomará la historia, queríamos una imagen mental de una de las últimas utopías del siglo XX. Utopía en su significado ambiguo: el sistema ideal, el sistema imposible ¿Cómo es la Cuba 58 años después de la Revolución?

Ahora bien, no soy experta en Cuba y lo único que tengo son más preguntas, sin embargo me gustaría compartir un poco, como lo hizo Rafael Hitlodeo en el libro de Moro hace ya quinientos años, algunas impresiones sobre esta utopía.

 

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Oficina en el aeropuerto José Martí de La Habana

“Orden, disciplina y eficiencia”

Llegamos a La Habana un miércoles decembrino. Nos recogieron Mimi y Fernando, dos cubanos muy agradables que, como muchos, han encontrado las ventajas que trae el turismo para los cubanos. Mimi alquila habitaciones en su vivienda y hace parte de una amplia red de casas cubanas que ofrecen el servicio de hospedaje a los cada vez más numerosos viajeros que arriban a la isla. La opción es tentadora, los hoteles en La Habana pueden costar fácilmente 90 euros la noche, el hospedaje en la casa de los cubanos es mucho más económico y tiene una ventaja adicional: conoces la vida en Cuba de la mano de sus habitantes.

De camino a la casa donde nos hospedamos empezamos las conversaciones de rigor. Por lo que pudimos observar, el cubano es una persona muy “culta” e informada, te pueden conversar de temas tan amplios como ballet (una afición nacional) hasta preguntar por “el loco de Maduro”, Piedad Córdoba o Humberto de la Calle (por quién Fernando tenía particular curiosidad).

Mientras tanto, por la ventana del vehículo se veía pasar la ya popular propaganda política que nos seguiría durante todo el viaje: en todos los estilos, formatos, técnicas, la versión oficial, la versión “casera” -o menos profesional-, los carteles sobre la revolución son omnipresentes.  Uno de los primeros que me llamó la atención fue una valla con la fotografía de Raúl y el texto: “orden, disciplina y eficiencia”. Uno no espera encontrarse con esos tres conceptos en el trópico…Bueno, ni Marx tenía pensado el comunismo para una isla del Caribe -hablaba de la Inglaterra industrializada del XIX- ni dentro del imaginario colectivo mundial se asocian estos tres valores con un país tropical. Pero como diría Fernando, “Cuba es un país raro, muy raro” para después explicarnos el sentido e importancia del término “a lo cubano“.

Sin embargo, tres anécdotas que contaré a continuación me mostraron que las palabras “orden, disciplina y eficiencia” sí pueden tener sentido en Cuba.

Nos quedamos en la casa de Benjamín en el Barrio Vedado. Una mansión de los treintas, probablemente de la bonanza azucarera, que conserva su piso de mármol y la arquitectura de una época en la que no se pensaba sólo en maximizar las ganancias por cada metro cuadrado. Tras la valiente independencia de Haití, los intereses azucareros se fueron a Cuba y dieron origen a la gran bonanza de finales del XIX y principios del XX. Como contaba una cubana, “a los haitianos les cobraron el haber sido los primeros en independizarse y hasta hoy no han podido levantar cabeza”.

Benjamín nos mostró con orgullo su terraza, solo lamentaba que el último huracán (el Mathew) le hubiera dañado una pequeña pérgola. “¿Huracán?” preguntamos con los bien ojos abiertos, “Sí” respondió, “el Mathew dejó víctimas incluso en Estados Unidos, Cuba fue el único país donde no hubo víctimas mortales” contaba orgulloso, “tenemos el mejor sistema de protección, incluso Estados Unidos lo está imitando”. “¿Cuál es la estrategia?” le pregunté. “El Ejército evacúa a la población 72 horas antes y los militares cuidan las propiedades para evitar saqueos”. Sencillo.

Renata, una doctora en Ciencias, amante de la historia, el arte y la literatura, nos acompañó un día a recorrer la Habana Vieja. Renata investiga sobre la alimentación de los peces. Durante los ochentas, antes del periodo especial, la producción de pescado era importante, pero con la crisis de los noventas se acabó, ahora sólo hay producción de camarón. La labor de Renata es importante, debe encontrar el alimento más protéico posible y con ello permitir la reactivación de la producción de pescado en la Isla. Por su trabajo ha visitado varios países en el mundo.

Durante el almuerzo, acribillada por preguntas, Renata nos habló de los Comités de Defensa de la Revolución. Los Comités funcionan en cada barrio (“Nos une el barrio” rezan carteles) y surgieron desde los primeros años de la revolución para prevenir sabotajes y actos terroristas, frecuentes en los sesentas. Dice Renata, riéndose “son como los chismosos”. Los comités están compuestos voluntariamente por los habitantes del barrio. Con el paso de los años el componente de seguridad le ha dado lugar a nuevos espacios de acción y su papel fue importante en la prevención del chikunguña. Este virus, que afectó masivamente a todos los países tropicales latinoamericanos, fue controlado en la isla. No solo a través de la fumigación que se realiza en cada avión que aterriza en la isla -las azafatas pasan rociando a los pasajeros con spray diciendo algo así como “la OMS autoriza” sin que uno tenga tiempo ni de chistar-, también está el papel de los Comités que están pendientes de que cada vecino fumigue su residencia. Los “chismosos” del Comité se dan cuenta quién falta por fumigar, algo que es de interés de toda la comunidad pues con solo uno que no fumigue se daña el trabajo de todos. Así se garantiza que todo el vecindario sea fumigado y que el mosquito no se propague.

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Sede de un Comité de Defensa de la Revolución
“Comités de Defensa de la Revolución con la guardia en alto. Viva su 56 aniversario”. Cartel en la Habana Vieja

Benjamín es Ingeniero Aeronáutico pero está dedicado al turismo. Además de hospedar turistas, presta el servicio de transporte. El lunes nos llevó a la playa. Bajando por el malecón nos contaba preocupado que le habían puesto un parte hace tres días. Le preguntamos que si era muy caro, dijo que no era lo caro (realmente es bastante barato), sino que después de acumular cierto número de puntos por infracciones se les retira la licencia por un año, y con la última infracción (por hablar por celular) había completado los puntos. Como buenos colombianos le preguntamos si no se podía sobornar al policía (qué vergüenza). Dijo que no, el soborno podía dar cárcel, “es muy riesgoso”. Seguimos nuestro camino.

Atravesamos el túnel de la Bahía de La Habana, una maravilla de la ingeniería cubana construida en 1958, antes de la Revolución, y que pasa 12 metros por debajo del mar (apenas para los bogotanos que no hemos podido con el deprimido de la 92…). Ibamos tranquilos en el parloteo, “que el loco de Maduro cerró de nuevo la frontera con Colombia?” preguntaba Benjamín. Cuando de pronto nos hace una señal un policía de tránsito. Benjamín quedó en blanco “me van a joder, cualquier cosa, ustedes son amigos míos”.

Esperamos con paciencia mientras Benjamín se bajaba del auto (un peugeot noventero) y hablaba con el tránsito. Volvió al rato: los radares habían identificado al carro y registraba que estaba pasado de puntos hace tres días. “Yo sabía que estaba pasado pero nunca pensé que lo supieran tan rápido”. Finalmente “solucionó” la situación, llamaron a la central y como las infracciones no eran de mayor peligrosidad le retiraban la licencia sólo durante un mes. Por ahora, le daban dos horas de chance para guardar el carro. Benjamín respiraba tranquilo: “los dejo en la playa, les toca volver en taxi”. Y terminó diciendo con un dejo de orgullo “Bueno, ya tienen una anécdota sobre lo eficientes que somos, no puedes andar con infracciones por ahí sin que se sepa”.

Gato frente a la casa y el carro de Benjamín.

 

Wi-Fi

A excepción de los más viejos -que según nos cuentan todavía tienen algo de resistencia-, la población cubana espera con expectativa la apertura. La llegada de Trump a la presidencia norteamericana cayó como un baldado de agua fría, sin embargo los cubanos todavía guardan esperanzas. “Trump es un hombre de negocios” decía Renata “el lobby que haremos con él es comercial, la propuesta es que el arroz que traemos de Vietnam se lo compremos ahora a Estados Unidos, esa es nuestra carta”.

Una de los temas de mayor interés entre los cubanos es el internet. En la isla ya hay internet, pero es caro y solo se puede acceder a él en algunos puntos de la ciudad (generalmente al frente de hoteles) después de comprar una tarjeta. Ha sido un respiro para muchas familias “yo creo que el exilio cubano es más grande que el judío” se reía Renata, las familias dan todo por ver la cara de sus seres queridos. En las calles se encuentran discretos grafittis demandando la ampliación de la red. “Tienen que ceder, la sociedad lo está demandando, es inevitable, con eso no se pueden hacer los locos”, nos decían.

Ahora bien, tanto para el caso del internet como para otros procesos de la posible apertura cubana (como la eventual posibilidad de que se facilite la compra y venta de carros), el desarrollo “natural” o “deseable” de Cuba no debería ser el de los países capitalistas. El “free wifi” de una sociedad consumida por las redes sociales, la desinformación y el consumo enfermo de smartphones, como ocurre en Colombia, no debe ser modelo a seguir para ninguna sociedad. De igual forma, en un mundo en el que la búsqueda de alternativas de transporte amigables con el medio ambiente ha cobrado sentido de urgencia, la sociedad cubana no puede sin más demandar facilidades de acceso a compra de automóviles. El paso, si hablamos de utopías, debería ir más allá. Por el momento, el camino de la apertura es incierto.

 

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Grafitti en Vedado, La Habana

 

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Grafitti en La Habana Vieja
Punto Wi-Fi en la 23
Punto Wi-Fi en la 23. Uno como colombiano no deja de pensar qué pasaría en una calle bogotana si todo el mundo sacara sus celulares para chatear en la misma esquina…La seguridad es otro de los orgullos de los que alardean los cubanos.
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“Adictos al Iphone”: ¿Club de aficionados o grupo de ayuda? No tuvimos tiempo de ir a la reunión a averiguar.

La pobreza en el comunismo

Llegando a la Habana Vieja uno pasa por un barrio tradicional de la ciudad: Centro Habana. Es un sitio particular, impresionante, del que estas fotos no dan cuenta realmente.

La paradoja de Centro Habana empezó desde el primer momento en que empezamos a escuchar de él. Una amiga colombiana nos lo había recomendado, no está tan gentrificado como la Habana Vieja, hay menos turismo y más gente “de verdad”. Desde que llegamos empezamos a preguntar sobre Centro Habana, “Dónde queda? Cómo llegamos?”. Los cubanos nos veían extrañados “y para qué quieren ir a Centro Habana?”. Es feo, decían unos, es peligroso, añadían. Al final, ante nuestro interés terminaban diciendo, “bueno, pensándolo bien, vayan y conocen y así pueden ver las cosas por ustedes mismos, pero de día”.

Finalmente terminamos caminando con el sol de mediodía. Y sí, es fascinante. La mezcla de una arquitectura grandilocuente con la decrepitud de los años transcurridos. Cornisas que se van cayendo a pedazos, mosaicos coloridos que retan el paso del tiempo. A través de las ventanas, y contra los pronósticos más tradicionales, vida. Manteles, cuadros, floreros, pasillos, escaleras, luz y oscuridad. Recovecos, niños. Lúgubre y vivo. Una pata de un perro en la acera, ¿”Brujería”?.

Entre las múltiples reflexiones estéticas, artísticas, políticas, sociales, históricas o económicas que puede generar Centro Habana, sobre una en particular le pregunté a una cubana: “Cómo se entiende aquí la pobreza?”. Con la misma educación para todos, con salud garantizada, con ración de alimento y vivienda, cómo se es pobre. Sin duda el colchón para la pobreza es más amplio, y su tope es más alto que en las sociedades capitalistas latinoamericanas. Hay salud, hay educación, hay techo, hay comida. Los viejos “abandonados” pueden vivir “eternamente”. Hay dignidad, pero también hay pobreza. ¿Cómo se entiende la pobreza en Cuba?

Propuesta anónima para un edificio en Centro Habana “Este edificio puede ser un centro de arte contemporáneo”. De acuerdo.

De perros y gatos

Animalista que se respete persigue animales con la cámara, incluso en plan turista, pero estas fotografías no tendrían mayor interés público sino es porque muestran un lado del sistema cubano, muy de la mano de la doctrina de “orden, disciplina y eficiencia”, pero también del de la conciencia animal. Bueno, sin duda no se puede buscar ser utopía, sin buscar respetar los derechos de todas las especies.

Los perros callejeros están carnetizados. El carnet de Cortico dice “Me llamo Cortico, soy mascota en la Plaza de Armas. Estoy esterilizado. No me maltrates” y, si observan bien, pueden ver que tiene una fotografía de la cara de “Cortico”. Buen detalle.

 

 

 

 

Ahora, esto en el caso de los perros, otra cosa es en el de los gatos. Tal ves el lugar en el mundo con más gatos por metro cuadrado es Vedado. En Vedado no hay ratones, hay gatos. En las noches, mientras caminamos por las oscuras calles de este barrio, se ve que saltan, pasan fugaces y se asoman por entre canecas de basuras decenas de gatos. Siempre en manada. Ahora bien, en defensa de esta sobrepoblación de gatos hay que decir que no vimos ninguno enfermo, ni siquiera cuando nos encontrábamos con manadas de gatitos que jugueteaban al frente de las casas. De todas formas, deberían esterilizarlos.

Manada de gatitos cachorros retozando en Vedado

 

 

 

El gato de Alicia

 

Fidel

La idea de viajar a Cuba surgió a partir de la muerte de Fidel, era como si tuviéramos que viajar ya, sí o sí, antes de que se escapara la posibilidad de conocer “de primera mano” su legado. De tener una fotografía mental de la Cuba que dejó. Prudentes -en la medida de lo posible-, siguiendo pistas en las conversaciones, empezamos a seguir el rastro de “el comandante”, hasta que nos atrevíamos a hacer preguntas. ¿Quién fue Fidel?

Retrato de Fidel en Bodega de la Calle 23

Quise entender la figura de Fidel a partir de una de las situaciones más extremas a mi parecer: el periodo especial. Hambre, es a lo que se refieren los cubanos cuando uno indaga por Cuba tras el fin de la Unión Soviética. “La gente comía hasta gatos” nos alcanzaron a decir. Preguntar sobre esta época trae suspiros de nostalgia frente a la prosperidad de los ochentas “todavía no hemos podido regresar a esos tiempos” nos decían.

-“¿Cómo pudieron superar el periodo especial?”, pregunté

-“Ingenio de todo tipo, el cubano es muy ingenioso. Yo diría que el 90% de los cubanos no viven del salario, siempre tienen algo más”.

-“Buena pregunta” decía Renata, mientras pensaba. “Creo que es una mezcla de cosas, a finales de los noventas se empezó a ver el turismo como una opción y nunca se descuidó la investigación, y con el tiempo estos procesos fueron dando sus frutos”.

“¿Cómo pudo el sistema aguantar esa situación? ¿Nadie se reveló?” pregunté una y otra vez. “No”, me decían, luego me contaban la misma anécdota “ah bueno, sí hubo una vez. En 1994 un grupo de personas salió a protestar en contra del régimen. Pero llegó Fidel, les habló, y los mismos protestantes agacharon la cabeza y se marcharon a sus casas”. Otro cubano me contó “sí, en 1994 se reunieron como cuatro mil manifestantes en la embajada española, en esa época estaba Aznar, que siempre ha odiado a los Castro. Estaban en medio de la protesta cuando de pronto llegó Fidel, venía en unos jeeps y con unos altavoces le empezó a hablar a la manifestación, a la hora la manifestación se dispersó. Fidel podía coger al más anticastrista, sentarse a hablar con él, y convencerlo!”.

Pese a la crisis, el régimen nunca dejó de garantizar los derechos básicos a la salud y a la educación. Todos los niños tienen una ración de leche, durante esa época la ración bajo de cubrir a todos los niños ha destinarse a los de siete años y menores. Pero continuó. “Pese a la crisis, se siguió garantizando un mínimo, y eso es algo que los cubanos no quieren perder”.

Benjamín nos contaba:

“Yo les voy a confesar, yo vengo de una familia que fue muy afectada por la revolución, puede sonar egoísta pero mi familia era rica y con la revolución todo lo perdimos, mi abuela nos crió contándonos cómo mi abuelo murió de pena moral, y cómo los guerrilleros mataban campesinos que se negaban a colaborarles, y eso, yo sé, nunca va a salir en los libros de historia.

Yo siempre dije “no quiero estar en Cuba cuando muera Fidel” pensando en la crisis que iba a haber, pero cuando él dejó el poder, se lo entregó a Raúl, me di cuenta que los cubanos no son socialistas ni comunistas, son fidelistas. Yo fui a la Plaza de la Revolución porque quería ver con mis propios ojos cuántos iban a despedir a Fidel, no quería que me contaran, y yo vi, y eran miles de personas. Empecé a hacer fila a las ocho de la noche, y a las diez pude entrar”. Renata cuenta: “Y ni siquiera estaban las cenizas, o el cuerpo de Fidel, era solo el cuadro, y la gente estaba ahí, despidiéndose”.

Renata, con los ojos cristalinos, decía “tú me preguntas a mí por Fidel, y mira, se me eriza la piel“. “Yo fui criada en este sistema, yo también creo en el hombre nuevo, desprendido de los bienes materiales. Pero tu debes garantizar unos mínimos materiales, unos básicos, para que pueda haber un hombre nuevo, debe haber una solución desde el punto de vista económico. Y no soy tan ingenua para creer que las personas que se vieron afectadas por el sistema van a querer a Fidel. Tengo un amigo que tuvo que ir a la cárcel porque lo capturaron tratando de salir de la isla y yo le digo, “mira que injusto, y de corazón me duele que hayas tenido que vivir algo tan inhumano por el sistema”. Pero dios no quiera y un día le pasa algo a tu bebé, ahí nada más importa sino un médico, que alguien te cure a tu bebé, y aquí tu tienes salud, tienes educación…”.

En Cuba existe una ración básica de alimentos para todos los habitantes, eso permite que, como me decía una cubana “aquí nadie muera de hambre”. El uso de la ración es voluntario y ninguno de los cubanos con los que hablé hace uso de ella, aunque como decía Renata “son de esas cosas que nadie necesita pero tampoco quiere que se las quiten”. Sin embargo sí es una amortiguación para los sectores más pobres de la población.

Estantería de bodega en la 23

¿Cuál es el balance entonces? ¿Valió la pena la revolución? Uno de nuestros anfitriones contaba “Yo me fui a los dieciocho años del país, estuve viviendo afuera ocho años y decidí volver, me di cuenta que aquí se vive mejor. Hay muchas cosas que le critico a los Castro, pero haciendo un balance de la revolución, creo que esta ha sido positiva. Lo que tú tienes aquí no lo tienes en otros países. Solo que los jóvenes, que han vivido toda su vida en la revolución, no lo valoran. Esperan veinte minutos para que los atienda un médico y ya se impacientan y reclaman, no saben cómo es en otros países. Yo tengo una hernia, el médico me dijo que no era grave pero que sí era algo que me tenía que operar, le pregunté cuando y me dijo a mí que cuando yo podía, yo molestando le dije que mañana y al otro día me operaron. Sólo tuve que llevar un donante de sangre, para aportar al banco de sangre, ese es el único pago que le exigen a uno”.

¿Y los derechos humanos? En una ocasión un cubano nos preguntaba por la violencia en Colombia (el proceso de paz es un tema que conocen muy bien) y tras responderle que había menguado pero que todavía había líderes asesinados respondió con contundencia: “a mí por eso me gusta vivir en Cuba, uno aquí vive cómodo y tranquilo”. No dejó de ser revelador el comentario suelto de este cubano sobre un sistema que a los ojos del mundo es una dictadura violadora de derechos humanos frente a un país que se miente a sí mismo nombrándose la democracia más vieja de América.

Como dije en un principio, después del viaje hay más preguntas sobre Cuba que certezas, si hacerse una idea de la vida en un país es difícil en siete días, para el caso de Cuba este reto es mayor. ¿Qué es ser cubano? ¿Qué significa vivir en una isla que tuvo la osadía de construir sola un sistema nuevo, un sistema con principios claros pero sin manual de instrucciones? Los avances sociales son inobjetables, y como decía un cubano, desde que la salud, la educación, la vivienda estén garantizadas, el sistema continuará, los cubanos no van a permitir que se pierda eso. Sin embargo los retos siguen siendo grandes, no solo para un estado comunista en el siglo XXI, -¿Cómo sostener la economía? ¿Cómo sobrevivir al aislamiento? ¿Cómo no terminar absorbidos por el mercado?-, sino para una sociedad en el mundo contemporáneo -¿y el medio ambiente?, ¿y los derechos de las minorías?, ¿y el racismo?, ¿y los animales?-. La utopía, como toda utopía que pretende ser real, todavía no está completa. Y sin embargo, la sola búsqueda de la utopía es lo que garantiza que la historia humana nunca acabe.

Fotografía de Fidel en la cartelera de un mercado
Mujeres en una heladería. Si bien Fidel prohibió que se comercializara con su imagen, e incluso que su nombre fuera usado en monumentos y calles, es difícil no sentir su presencia en el ambiente.

 

 

 

 

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Fila en La Habana…para comprar perro caliente

 

 

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Niños de la primaria Leonardo Valdés Suarez en recital público en las calles de la Habana Vieja
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Baloncesto en Vedado
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En la semana que estuvimos nos encontramos con el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y con el Festival de Jazz. Ambos eventos, repartidos por la ciudad, siempre contaban con una fila numerosa de asistentes.

 

 

 

 

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Edificio de la Habana Vieja
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Calle en La Habana Vieja
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Calle de la Habana Vieja
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Balcones de la Habana Vieja. El colorido de la ropa que cuelga sobre un fondo mezcla de elegancia y abandono es un sello de las calles de La Habana.
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Edificio Balaguer
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Edificio Balaguer, Habana Vieja
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Edificio Balaguer, Habana Vieja
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Habana Vieja
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Fiesta infantil en Vedado

 

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Sábado en la tarde en Vedado
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Entrada de casa en Vedado

 

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